Un poder notarial es una autorización otorgada ante notario a favor de un tercero para que éste pueda hacer un trámite determinado. En tal poder se contienen las facultades que el apoderado está autorizado para ejercitar. El poder notarial es vinculante, o lo que es lo mismo, lo que haga el apoderado mostrando el poder a un tercero vinculará a quien otorgó el mismo. Géneros de poder notarial: General: el que da el poder autoriza a otra persona, generalmente denominada apoderado, a que actúe en su nombre en todo tipo de actos como pueden ser: Dirigir cuentas bancarias. Vender o adquirir propiedades. Hacer transacciones bancarias. Específico: el que da el poder sólo otorga al apoderado unos poderes específicos. Por ejemplo: Solicitar un préstamo bancario. Tramitación de un procedimiento: para este caso se utiliza el llamado poder para litigios, que no es otra cosa que una escritura notarial en la que el usuario faculta a su procurador a fin de que realice en su nombre todos aquellos actos relativos a la tramitación de un procedimiento jurídico. En lo que se refiere a su duración se pueden dividir en: Permanentes: proseguirá siendo efectivo aún después de que el otorgante (poderdante) padezca una incapacidad. Limitado: caducará en aquel instante en el que la persona que dio el poder quede discapacitada. El poder notarial puede ser anulado por la persona que lo dio, a través de otra escritura posterior, quedando este sin efecto una vez revocado. Estas revocaciones es preciso hacerlas constar en el Archivo Notarial de Poderes Anulados, dentro del Sistema de Intranet del Consejo General del Notariado (SIC). El SIC es un sistema de gestión interno al alcance de cualquier notario en el que estos consultan, entre otras muchas cosas, si el poder notarial que le resulta presentado está actual en ese instante o ha sido revocado y, por tanto, carece de efectividad.